Volver camino atrás para retomar ciertas cosas

13 de marzo de 2016, manifestación a favor de la tauromaquia (Valencia)

Curro Pavón

Cuando nació la Fundación Toro de Lidia, nació como un organismo independiente con la intención de hacer un bien mayor a la tauromaquia. Su labor se situaba en la sombra y su trabajó se desarrolló de forma silenciosa. Era como una especie de respuesta para hacer frente a todos los ataques sufridos y defendernos con los argumentos necesarios.

Gracias a ella, ganamos alguna que otra batalla en los tribunales contra los insensatos e inhumanos, no merecen mención, que dañaron la memoria de dos héroes caídos sobre la arena y la de un niño con cáncer que contaba con apenas diez años. Hablo de Iván Fandiño, Víctor Barrios y del pequeño Adrián.

Organizó una manifestación multitudinaria en Valencia dónde por primera vez vi al sector unido verdaderamente. No falta nadie, toreros, banderilleros, picadores, mozos de espadas, ayudas, empresarios, ganaderos, periodistas y aficionados, todos a unas para reivindicar el mundo del toro y gritar libertad. Día que todos recordamos con un cariño especial.

Cuando un antitaurino saltaba al ruedo tenía sus consecuencias. Perdimos de manera muy injusta la Monumental de Barcelona, pero quedó completamente demostrado la inconstitucionalidad del asunto. Vencimos, faltó insistir en la guerra y un empresario valiente para lograr nuestro debido cometido. De vez en cuando no viene mal recordar que en Cataluña actualmente se pueden dar toros.

El zenit llegó con el histórico discurso pronunciado por su presidente Victorino Martín en el Senado con fecha de 22 de enero 2019. Ese día, todos fuimos la fundación y su persona nuestra principal bandera. Se reivindicó la tauromaquia como historia, cultura, ecología y libertad del pueblo español ofreciendo una visión abierta y plural de la fiesta. Todos los partidos políticos fueron invitados a conocer nuestra seña de identidad y uno de nuestros principales argumentos de defensa, la riqueza en su totalidad de la dehesa brava española, tesoro único en el mundo.

En el año 2020 hubo luces y sombras. Durante esta trágica pandemia, el país se paralizó por completo durante cinco meses a consecuencia de un duro confinamiento. Cerrados a cal y canto y sin ningún tipo de actividad. Tocaba esperar por el bien común de la sociedad española.

Entre medias, la Fundación Toro de Lidia establecía reuniones con el ministro de cultura, José Manuel Rodríguez Uribes y las diferentes comunidades autónomas para en teoría buscar una solución a las pérdidas ocasionadas en el mundo del toro. De esas reuniones solo conocíamos la fotografía, no salía una propuesta firme ni un plan alternativo. Cuando llegó la hora de la verdad, la tauromaquia como siempre ninguneada y alejada de su estamento cultural. No recibió una prestación de la otorgada al conjunto.

El maestro Cayetano Rivera (Patrono de la Fundación) y el ministro de Cultura José Manuel Uribes

Los banderilleros y mozos de espadas estaban en su derecho al ser considerados artistas como puede ser un músico o bailarín. Se tuvo que recurrir a los tribunales para dar validez a una evidencia reconocida por ley. Procedimiento lento y en muchas ocasiones de forma individual. Se aceptaron las ayudas cuando la herida estaba más que abierta, no reniego de ellas, claro que vinieron como agua de mayo, pero el daño estaba ocasionado, era tarde, muy tarde. Hoy día creo firmemente que algunos profesionales no han visto ni un solo euro.

La fundación tiene que servir para anticiparse a estas situaciones e ir dos o tres pasos por delante.

Tras el levantamiento, volvieron los festejos taurinos con las debidas medidas de seguridad. A las primeras de cambios se vivió en el Puerto de Santa María una situación nada agradable. La propia patronal de empresarios taurinos (ANOET) acusó a uno de sus compañeros sin motivos ni argumentos razonables por incumplimiento de la normativa vigente. Más adelante la policía nacional confirmó que José María Garzón no había cometido ningún tipo de negligencia y todo se realizó de manera ejemplar.

No me gustó nada la posición adoptada por la Fundación Toro de Lidia, bajo mi punto de vista no tuvo la imparcialidad requerida y se puso de parte de la patronal. Una simple fotografía y una tremenda repercusión mediática fue suficiente para lanzar una campaña en contra de un hombre que organizó una corrida de toros con las mejores de sus intenciones y de forma correcta.

Dejando atrás estas dos cuestiones, quiero decir abiertamente que cuando no había prácticamente nada, dicha fundación se sacó de la chistera 21 festejos y junto con Castilla-La Mancha tiró de una temporada que la mayoría creíamos inexistente. La gira de reconstrucción 2020, finalizada en febrero de 2021, gustos u opiniones aparte fue un auténtico balón de oxígeno para ganaderos, profesionales y aficionados.

Todo es mejorable, todo se puede hacer mejor, al fin y al cabo, no dejaba de ser un proyecto que venía para sumar y sobre todo despertar la ilusión de poder asistir a una corrida de toros. Clave fue la figura de Cristina Sánchez, gracias a su trabajo en la oscuridad, los cárteles tenían ciertos alicientes y despertaban su debido interés. Consiguió poner en acuerdo a muchísimos toreros para que todo adquiriera categoría.

Los resultados fueron positivos, se recaudaron cerca de 900.000 euros que irán destinados a la celebración de novilladas. Hasta aquí todo correcto.

Cuando se hicieron públicas las cuentas, también se dio a conocer el formato elegido para celebrar las mencionadas novilladas. El título me llamo muchísimo la atención, “Liga de las novilladas”. Concibo el toreo como un arte donde la rivalidad tiene que estar presente pero no así la competencia. Esto no es una tabla clasificatoria ordenada numéricamente, aquí la vida entre en contacto permanente con la muerte. El nombre asignado no me parece el más afortunado.

Después llega la partición en tres circuitos diferenciados, Andalucía, Norte y Mediterráneo, a los que se les sumó el del Centro por mediación de la Comunidad de Madrid. Para participar en ellos hay que seguir una especie de pautas como tener presencia en las redes sociales, se me partió el alma cuando escuché a un miembro de la fundación decir en un programa de televisión que un novillero no iba actuar por negarse a cumplir esta condición y responder con la espada y la muleta.

El método de elección creo que tampoco es el más adecuado, por ejemplo, en Andalucía se van a asignar cinco puestos por méritos propios y los restantes quedan abiertos a diferentes eliminatorias entre varios novilleros con no más de tres años de experiencia.

Celebro que se vayan a dar 22 novilladas con picadores, son más necesarias que nunca en tiempos actuales, pero no podemos perder la esencia y la debida coherencia. No hacen falta cuatro circuitos, se hace un proceso de selección por currículum valorado por expertos como en Villaseca de la Sagra o tentaderos previos como en las novilladas sin caballos de Cabal Sur y se organiza un certamen nacional en conjunto sin distención de zonas geográficas españolas. Si el verdadero motivo es porque se necesita el apoyo de la administración puedo llegar a entender la justificación.

La inmovilidad con respecto a lo sucedido en Sevilla ha provocado el abandono de Cristina Sánchez, un pilar fundamental en esta asociación. La imagen dada en Zafra ha sido lamentable, dos festejos organizados de prisa y corriendo para salir del paso, el aspecto presentado por los tendidos confirma lo escrito anteriormente. En estos momentos no podemos consentir dar esta visión de cara al gran público, dentro de lo permitido debemos hacer todo lo que esté en nuestra mano para presentar el mejor aspecto posible.

La Fundación Toro de Lidia es un medio fundamental y necesario, este año no debe tocar ciertos asuntos y sí centrase en sus verdaderas competencias. Por ejemplo, en el tema de los pliegos de condiciones queda un largo trabajo por hacer.

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