Una mirada a la vida bajo los ojos de un taurino

Curro Pavón

Más que a un movimiento antitaurino estamos asistiendo a un cambio social que va en detenimiento de la vida tal y como la conocemos hoy día. Por un momento vamos a dejar a un lado el ámbito taurómaco para centrarnos en lo que está ocurriendo en el mundo. El hombre se ha desvirtuado de tal manera hasta salirse de su propia naturaleza. Entiendo y respeto toda corriente veganista, pero nadie puede poner en duda de que hemos sido creado como seres omnívoros, es decir, necesitados de todo tipo de nutrientes para el correcto funcionamiento del cuerpo. Nosotros, los humanos, nacemos y crecemos para continuar una regla en cadena cuyo fin encontramos en la propia muerte.

Desde tiempos remotos hemos utilizado los animales para las distintas acciones y quehaceres, fundamentalmente para las necesarias labores dentro del campo que más tarde se sustituyeron por los avances industriales y maquinaria eléctrica. Esta convivencia se ha ido desplazado de tal manera que hemos llegado a situar la raza animal por encima incluso de nosotros mismos. Posiblemente sea una de los mayores pecados que se hayan cometido. Nunca el ladrido de un perro debe prevalecer sobre la palabra en firme de un ser humano. Desgraciadamente, esta es la línea de pensamiento que se ha ido acrecentando con el paso del tiempo.

Todo esto conlleva a una tendencia denominada animalismo que con tanta fuerza nos azota. Nunca lograré comprenderla, ni mucho menos entenderla. Animalismo, según los supuestos animalistas y la superdotada e inteligente clase política que nos representa en la actualidad, es dotar a los animales de una serie de privilegios que van camino de desembocar en una ley electoral para ser reconocidos como tal. Es decir, quieren que las mascotas estén legisladas por una serie de normas jurídicas que jamás llegaran a entender ni muchos menos comprender porque actúan por una cuestión de instinto mecanizado y aprendido. Su propia especie no lleva implícito el sentido del razonamiento y defensa de ideas propias. Quieren hacer posible lo que resulta imposible.

He escrito sobre estas líneas varios puntos de interés: vida, muerte, historia y libertad a la hora de tomar decisiones personales. Curiosamente, todas confluyen en la tauromaquia en el sentido de que es un rito ancestral donde un hombre se entrega en cuerpo y alma a una fiera delante de un público que ha decido pagar una entrada siendo consciente de lo que se dispone a visualizar. Una vez contado esto, el torero intenta crear una obra de arte y le da al toro la posibilidad de ganarse la vida en el ruedo a través del indulto. Si no, muere dignamente tras una intensa pelea donde su fuerza se mide a la inteligencia de su adversario y nunca se sabe quién puede ganar. Todo queda en el aire hasta la hora del arrastre. También tenemos que decir que es un animal bravo que vive en absoluta libertad, no consiente la domesticación.

Cuando la sociedad rehúye de la muerte, quiere imponer sus propias condiciones y pretende salirse del ciclo natural de la vida se produce una desconexión que nos aboga al fracaso. Los antitaurinos han existido siempre, sí tenemos que reconocer que están mejor financiados, pero en el fondo son una pequeña minoría. El mundo nunca pensó así, ahí está el problema. La contraposición radica en que el toreo representa la cruda realidad desde todos los sentidos y ámbitos de manera coherente. No existe nada más verdadero.

Sigan viviendo en su mentira dentro de sus paisajes fantasiosos y mundos de yupi…

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