Un torero en la literatura

Ignacio Sánchez Mejías, dramaturgo, escritor y mecenas de la generación del 27

Ignacio Sánchez Mejías con la generación del 27

Francisco Pavón

Nace Sánchez Mejías el 6 de junio de 1891 en la famosa calle de la Palma (hoy Jesús del Gran Poder) de la capital andaluza de Sevilla. Hijo del cirujano provincial, fue educado en la más alta burguesía sevillana en grandes ambientes culturales, lo que le llevó a realizar sus estudios con los Escolapios y en el instituto.

Aquel niño que iba predestinado a ser médico, conoce en el barrio de la Alameda de Hércules a José Gómez Ortega “Joselito el Gallo”, el futuro Rey de los toreros. Junto a su persona empieza a jugar al toro y le infunde la afición por la tauromaquia hasta tal punto que en el año 1908 decide abandonar su casa para lanzarse a la aventura taurina

Tuvo una carrera prodigiosa alternando cartel con los más grande de la época, Joselito, Belmonte y Gaona. El momento de máximo esplendor vive su apogeo entre los años 1913 y 1925, convirtiéndose en uno más de ellos. A partir de este momento, el personaje de Ignacio Sánchez Mejías adquiere un carácter literario, poético y periodístico, alejándose de su actividad como torero. Precisamente en 1925 llegó a realizar sus propias crónicas para el periódico La Unión.

La cultura de Sánchez Mejías

Era 1927 cuando se cumplían 100 años de la muerte de uno de los personajes más grande de la historia de España, el poeta y literato Luis de Góngora. A Ignacio Sánchez Mejías que mantuvo desde siempre una estrecha relación con las personas más cultas y formadas de la época no se le pasó por alto este centenario. Sevilla que se preparaba para celebrar la Exposición Iberoamericana del 29 iba a ser testigo de uno de los momentos más transcendentales para el desarrollo de nuestra literatura. Fue una época de total esplendor para la ciudad, a lo anteriormente mencionado se le suma la creación de la línea aérea Madrid-Sevilla. Hablamos de una serie de cambios urbanísticos y infraestructurales que llevaron a cabo un proceso de modernización. Ante este ambiente lleno de optimismo y vitalidad Mejías iba a marcar un antes y un después que iba mucho más allá de su faceta taurómaca.

Autores de la talla de Federico García Lorca, Rafael Alberti, Gerardo Diego, Dámaso Alonso y José Bergamín viajaron desde Madrid a Sevilla gracias a la iniciativa y aporte económico de Ignacio Sánchez Mejías. A ellos se unía Luis Cernuda, sevillano de origen que ya se encontraba en el lugar requerido. Los actos fueron convocados por el Ateneo y celebrados en la sala de la Real Sociedad Económica de Amigos del País durante los días 16 y 17 de diciembre respectivamente. Veladas poéticas llenas de misticismo donde se reunieron los grandes escritores del momento para revalorizar la figura y obra de Góngora. La buena sintonía impulsada por Sánchez Mejías hicieron posible el desarrollo de esta serie de actos que desembocarían en uno de los movimientos más importante de la historia, la famosa generación del 27.

Para corresponder a sus invitados y seguir generando buen clima, Mejías celebró una gran fiesta en su finca de Pino Montano a las afueras de la ciudad, donde asistieron todos disfrazados de moros. En un alarde de inspiración Damaso Alonso recitó de memoria los 1091 versos de La Primera Soledad de Góngora mientras que el cantaor Manuel Torre se encargó de amenizar la fiesta ante el asombro y agrado de los grandes poetas. Finalmente, en una comida celebrada en la Venta de Antequera, Damaso Alonso era coronado poéticamente con una hoja de laurel cortada por artífice de todo.

El momento de esplendor de la ciudad, el ímpetu de Ignacio Sánchez Mejías, su aportación económica, sus buenas relaciones y el clima generado hicieron posible la generación del 27.

Su faceta como dramaturgo

Siguiendo las formas teatrales de Pirandello, Unamuno o Ramón Gómez de la Serna, su teatro se alejó de las formas folclóricas andaluzas para inspirarse en el psicoanálisis y la multitud de posibilidades que puede llegar a tener un mismo personaje. En definitiva, buscaba el asombro del público con obras llenas de misticismo y sensibilidad. Sinrazón, su primera gran obra estrenada en Madrid en el año 1928 demuestra lo anteriormente mencionado.

La segunda obra de no tardó mucho tiempo en ser expuesta al público, pocos meses después, el 8 de agosto de 1929, veía la luz en el teatro Pereda de la localidad de Santander. En esta ocasión, se decantó por la realización de una obra taurina para reflejar las contradicciones y melancolías que le había dejado su correspondiente profesión. Zaya viajaba del sainete andaluz a la búsqueda perdida del tiempo. Fue una obra en la que se pudo ver la personalidad y sin sabores de su propio autor.

De la tercera obra, apenas se tienen referencias, Ni más ni menos, no fue editada y entregada a su tiempo, en ella se quería poner en valor la conexión con la vuelta al auto sacramental que se produce en la Europa de la época.

Estas tres obras marcan el camino de Ignacio Sánchez Mejías, unidas a su importancia en la generación del 27, el personaje iba alcanzando fama y popularidad.

En 1930, fue elegido presidente del Real Betis Balompié, durante la Segunda República fue también presidente de la Cruz Roja de Sevilla. Amigo del general Sanjurjo, su participación en la vida política estuvo marcada con un incidente producido con Indalecio Prieto.

Ignacio Sánchez Mejías cediendo los trastos

El 15 de Julio de 1934 volvía a los ruedos, sin ninguna necesidad e impulsado por su propio instinto. En menos de un mes llegó a torear seis corridas de toros, produciéndose en la última de ellas un trágico final.

El final de Ignacio Sánchez Mejías

La muerte de Ignacio Sánchez Mejías supone una auténtica conmoción en la generación del 27. La historia así lo tenía escrito, el 11 de agosto de 1934 el torero sufría una fuerte cornada cuando se disponía a iniciar su faena de muleta. Murió como los grandes toreros, bajo las astas de un toro en el amarillo albero de la localidad de Manzanares. Fue trasladado al sanatorio del doctor Grespo (Madrid), dos días más tarde se confirmaba lo previsto, la cornada resultó ser mortal.

Se levantaron las plumas de los grandes poetas y Federico García Lorca lo inmortalizaría por siempre.

Adiós maestro, genio y figura, del toreo y de la literatura española. Un personaje tan necesario como incomprendido en la historia de España.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Redes Sociales