Un pueblo llamado tauromaquia

La Real Maestranza de Callería de Sevilla en el año 2018

Francisco Pavón

Dígame usted que la tauromaquia está acabada, que al mundo del toro le quedan dos días, que se ha quedado antiguo, que somos un arte incomprendido no acorde con los tiempos actuales. Dígamelo y si me permite le cogeré su mano, lo llevaré a cualquier festejo bien organizado, lo sentaré a mi lado guardando un asiento de por medio y lo dejaré solo con sus pensamientos para que observe todo lo acontecido.

Al finalizar, estas serán sus palabras “he visto un espectáculo ejemplar, me han tomado la temperatura antes de entrar, me han obligado a lavarme las manos con gel, cuando he llegado al asiento los no disponibles para mantener la distancia de seguridad estaban bien señalados, todos con sus mascarillas y mucha vigilancia para que todo se mantenga en orden”

“Pero lo que más me ha llamado la atención es la afluencia de público, la gente acude a la plaza ocupando el aforo permitido, van a los toros, han reaccionado de forma ejemplar ante la situación que vive el país, todos es impresionante, hasta me he emocionado con alguna faena. Aquí existe futuro y mucho interés”

Señoras y señores, le pese a quien le pese la fuerza del toro se mantiene intacta a pesar de todos los ataques sufridos, no lo digo yo lo dice el pueblo pagando su entrada en un año de especial dureza. Ni Papas, ni Reyes, ni políticos, ni virus, el arte no entiende de nada y entiende de todo. La cultura traspasa fronteras en el más amplio sentido de la palabra, cultura es la tauromaquia. Se ha encendido una vela para nunca dejar de alumbrar, para guiar el camino, pero esa vela ya estaba encendida. La encendió la afición hace mucho tiempo para defenderse de la manera más verdadera que conozco, respondiendo cuando la situación lo requiere.

Nadie ha conseguido parar lo que es imposible, la fuerza de un pueblo que lucha por mantener sus tradiciones sobreponiéndose por si solo a todos sus detractores. Que se siente necesitado cuando su fiesta le falta. Que sin ningún tipo de apoyo exterior sigue adelante. Que defiende la naturaleza a través de un hábitat llamado dehesa conservando miles de especies. Esta es solo una pequeña parte de la vida más verdadera y plena que conozco.

No existen miedos ni complejos, decir “soy taurino”, alcemos nuestra voz, levantémonos ahora más que nunca para dar donde más duele. Empresarios, toreros, ganaderos, profesionales y asociaciones es el momento de unirse para hacerse fuerte y crecer como colectivo. Aunque parezca mentira se han dado una serie de circunstancias que invitan al optimismo, hemos abierto las plazas, a mis oídos llega que hay que tener cuidado porque a los recintos taurinos acude mucha gente. Tranquilos es solo el principio, hablaremos cuando pase la pandemia, con el 100% del aforo disponible y la celebración de las grandes ferias.

Recuerdo las palabras que en su día pronunció Gonzalo Bienvenida en los micrófonos de este medio “el mundo del toro tiene tal verdad y dentro del ruedo ocurren cosas tan importantes que todavía somos capaces de levantarnos y tirar para adelante”. Pues eso, nos queda todo por hacer. Lucharemos por lo que nos pertenece.

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