Tradiciones que con el tiempo se pierden

El certamen “Raíces del toreo” organizado por el maestro Tomás Campuzano revive parte de la esencia de la tauromaquia

Venta «El Tentaero» (Carmona)

Francisco Pavón

Tiempos de antaño cuando las ventas se convertían en lugar de tertulia y punto de encuentro para buenos aficionados, cuando los olvidados maletillas llegaban cansados buscando el aliento después de unos cuantos kilómetros caminando en busca del portón de los sueños del tentadero. Muchas noches bajo la luz de la luna y las estrellas por testigo vivieron aquellos jóvenes antepasados que conocieron la autenticidad de la profesión en el más amplio sentido de la palabra. Era la verdadera afición desbordada, no importaba el frío, tampoco los fuertes resplandores del sol, llegar se convertía en el objetivo principal. Suerte si la figura de la época te veía y te recogía.

Las ventas siempre fueron lugar de opinión y paraderos en los inicios de muchos que después se convirtieron en figuras, aquí era donde se corría la voz de donde se podía desarrollar la prueba ganadera y una vez conseguida la información, todos acudían al día siguiente. Así durante todo el año cabalgando por los diferentes caminos de la geografía española buscando el cancelin y las porteras de las fincas más cercanas. Que no se habrá vivido en esta clase de viajes, eran toreros a sus formas, vivían para ello, perdidos en muchas ocasiones en medio de la nada por los diferentes campos de la ruta marcada.

Ahora todo ha cambiado, se perdieron las viejas costumbres llenas de misticismo y melancolía que tanto la dieron a la profesión en épocas antiguas, ni tan siquiera existe la famosa tapia y algunos ganaderos no quieren espontaneo para aprovechar las últimas embestidas que deja el matador. Me temo que ese sentimiento jamás volverá, se fue para nunca volver, para quedar en la retina de muchísimas personas que lo vieron en primera persona. Debido a mi corta edad no lo llegué a vivir, me hubiera gustado conocer los secretos y vivir esa experiencia por dentro, sería algo que me hubiera reconfortado muchísimo, sobre todo como persona.

Sevilla tan poeta, donde la morería de la Torre del Oro se mezcla con el clasismo de la Plaza de España. Córdoba tan almohade, con su preciosa mezquita y el recuerdo de Julio Romero de Torres siempre presente. En medio se sitúa Carmona, lazo de conexión entre dos culturas diferentes encontradas en este lugar emblemático. Como en todo, el toro hace acto de presencia, la famosa venta “El Tentaero” ha sido el lugar escogido por el maestro Tomás Campuzano para impulsar el certamen “Raíces del torero”. Un ciclo configurado por tres novilladas con picadores celebradas a modos de tentadero con el objetivo de reactivar el espíritu anteriormente mencionado. En estos tiempos en los que no se están produciendo novilladas es digno de reconocer su gran iniciativa.

Tras la celebración de las dos semifinales previas, el cartel de la final quedo configurado por los novilleros Eloy Hilario, Jesús Díez “El Charlo”, Emilio Silvera y Carlos García Corbacho. Tuvieron la oportunidad de lidiar preciosos ejemplares de la ganadería de Aguadulce que ofrecieron juego desigual.

Eloy Hilario se las vio con un animal que atendió al capote, pero desarrolló sentido y mucho peligro en la muleta, no haciendo posible la interpretación de la lidia. Emilio Silvera tuvo colaborador para desarrollar faena, con la cara a media altura, pero pasando y atendiendo a los toques, se acopló de mitad de faena para adelante logrando buenos pasajes. El más bravo de la tarde cayó en manos de Carlos García Corbacho, el cuarto pedía el carnet de novillero bien curtido, muy pronto y embistiendo con galope, pegaba un derrote al final del muletazo que había que templar a base de mucho mando y mano bajo, no se le puede poner pega a la actitud de Corbacho, no fue fácil, pero en esta ocasión no consiguió acoplarse con su oponente. Mató de una certera estocada ejecutando bien la suerte.

Lo más destacado corrió a cargo de Jesús Díez “El Chorlo”, muy templado y asentado con el capote, fue ganando terreno hacia los medios ejecutando sentidas verónicas. Consiguió ligar los muletazos con gran personalidad y gusto, aguanto una miradita antes de comenzar a tirar de él por el pitón derecho, y por el izquierdo lo buscó de uno en uno con gran colación. Gustaron mucho sus formas, concepto del toreo y actitud demostrada de principio a fin. Tras la valoración del jurado se proclamó ganador del certamen, por lo que el año que viene tendrá la oportunidad de torear en una plaza de toros aún por designar, en palabras del maestro Tomás Campuzano se va a intentar que sea en un coso de prestigio.

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