Sentimientos y verdades

Curro Pavón

Era miércoles, el misticismo de la noche hacia presencia en las paredes de mi habitación, mi mente viajaba por los prados del pensamiento, la autenticidad aparecía creando una sensación de íntima soledad al tiempo que me encontraba conmigo mismo. Reflexionaba sobre todo lo vivido a lo largo de los últimos días, por un momento pensé que todo acababa, surgieron miles de preguntas a las que no conseguía dar respuestas: ¿Y si algún día no pudiera plasmar la belleza de una corrida de toros en un simple papel?, ¿Qué pasaría si el periodismo taurino y la propia tauromaquia desapareciesen?, ¿Cuál será el devenir de esta bonita profesión?, ¿Qué futuro le espera al ámbito comunicativo? La noche anterior Emilio de Justo había realizado el toreo en Plasencia, esa sensación plena de felicidad fue lo que me llevo a plantarme estas cuestiones.

Con estas inquietudes me quedé contemplando las estrellas a la luz de la luna, llegada la hora mis ojos se cerraron, soñé no sé muy bien qué, pero soñé. El sol alumbraba la mañana, despertó un precioso día y cuando me quise dar cuenta iba camino de El Puerto con mis pensamientos a cuesta. Mi primera gran cita había llegado, me olvidé de todo para disfrutarlo al máximo y vivirlo lentamente, no quería prisas. Tengo que decir que sentí algo de nervios, con la poesía de Manuel Benítez Carrasco me relajé por completo. Camino a la plaza todo era alegría, al llegar la contemplé en silencio, estaba reluciente, engalanada para la gran ocasión.

Pasaban los minutos, el gran ambiente generado se iba fraguando. Colocado en mi asiento, libreta y bolígrafo en mano levanto la mirada, dos o tres filas más abajo a mi derecha Vicente Zabala de la Serna, a la misma altura, pero a la izquierda Juan Carlos Ruiz Villasuso. Por un momento estuve en medio de dos auténticas referencias, una sensación de amparo vino hacia mí, me sentía protegido, una voz silenciosa me decía “tranquilo, estamos aquí, luchando y defendiendo lo que tanto añoras”. A partir de entonces cada apunte tomado tuvo un valor especial, cada palabra escrita me llenaba por dentro, cada mirada hacia ellos era un punto de inflexión para seguir adelante con toda la ilusión.

Ya no hubo preguntas, sino sentimientos y mucha verdad para reafirmar y decir a boca llena que nunca he conocido un mundo como el mundo el toro, es tal la magia generada y tantas las emociones que se pueden vivir en un tendido al margen de una faena que nada ni nadie le puede hacer frente. Sencillamente es la vida misma desarrollada con total profundidad a base de lecciones ocultas que aparecen sin buscarla. Hablamos de valores tan importantes como la adoración y respeto a los mayores, como la verdad absoluta desplegada en el ruedo, como la influencia en tu propia persona.

La noche fue larga, mi humilde crónica salió a la luz, aquel día fui mejor periodista, mejor persona y por encima de todo mejor aficionado que nunca.

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