Osuna fue más taurina y artista que nunca

Ventura y Ponce se reparten un total de cinco orejas en una noche en la que Javier Conde escuchó los tres avisos

Diego Ventura se llevó la tarde al cortar tres orejas en una magnífica actuación

Francisco Pavón

Las medidas de seguridad llevadas a cabo por la empresa gestora de la plaza de toros de Osuna fueron ejemplares. No faltó nada, desde la limpieza inmaculada del recinto hasta el uso obligatorio de la mascarilla, pasando por el cumplimiento de la debida distancia de seguridad y la toma de temperatura antes de presenciar el espectáculo. Diferentes guardias fueron colocados a lo ancho, bajo y alto de los tendidos, un cartel anunciaba “prohibido sentarse ¡Por tú seguridad y la de todos colabora!” en aquellos asientos que no estaban disponibles para garantizar el orden requerido. Osuna fue ejemplo de compromiso y trabajo bien hecho. La primera puerta grande ya se había abierto antes de comenzar el festejo.

Con estas condiciones, se lidiaron dos astados de Diego Ventura para rejones, que el propio rejoneador se encargó de lidiar y cuatro de Julio de la Puerta para los diestros Enrique Ponce y Javier Conde.

Ventura volvió a dejar claro porque es figura máxima del rejoneo. Entrega absoluta ante un lote que le planteó serias dificultades. El primero fue un toro suelto de salida, que recortaba y esperaba muchísimo, por lo que la lidia no fue nada fácil. El de la Puebla del Río lo puso todo, recibió al encuentro con Campina en un buen rejón de castigo para calentar motores. En la distancia corta formó un auténtico alboroto a lomos de Lío, dos quiebros espectaculares a toro parado provocaron el éxtasis del público. Con todo a su favor le quito el cabezal a Dólar para colocar un arriesgado y meritorio par a dos manos. Finalizó con Guadiana, tres rosas previas a un contundente rejonazo hicieron al toro caer sin puntillas. Dos orejas.

La noche caía sobre Osuna a la salida del cuarto, la luna llena se hacía acto de presencia y Sueño se encargó de dormir a su oponente por medio de la templanza y buen gusto. Encontró mejor colaborador Ventura en una faena que fue in crescendo, aunque tuvo que poner mucho de su parte. Galopando de costado a dos pistas alcanzó cotas altísimas. Sorprendió a todos Capote, un nuevo caballo que se le nota la buena doma recibida por Diego. Le quitó el cabezal como a Dólar, pero esta vez para clavar una banderilla al pitón contrario, repitió la suerte en dos ocasiones. Remate puso el broche final con tres banderillas al violín y un rejonazo tras pinchazo que requisó golpe de descabello. Oreja.

Muy agradable de cara como toda la corrida resultó el primero de Julio de la Puerta. Se desplazó largo y por abajo por ambos pitones, abriéndose a los vuelos del capote, Enrique Ponce no desaprovechó la oportunidad para lucirse por bonitos lances de recibo. Empujó fuerte en el caballo metiendo los riñones. El propio matador quitó por delantales y media verónica. Tras brindar al público, inició faena genuflexo, muy en torero como todo lo que hizo. Se metía algo por el derecho, nada que Ponce no supiera solventar a base de llevarlo muy metido en la muleta y no dejarlo pensar para hilvanar buenas tandas. Por el izquierdo todo era temple, caricia, despaciosidad, armonía… Fundamental el tiempo entre muletazo y muletazo para aprovechar más el extraordinario pitón. Se sintió por dentro y el público así se lo reconoció. Buen toro que todo lo quería por abajo. Un pinchado previo a media estocada colocada en buen sitio dejaron el premio en una oreja.

El quinto echó las manos por delante desde el principio, imposible adornarse con él. No acababa de definirse el toro, recibió con buen criterio del matador un segundo encuentro con el caballo muy medido. En el tercio de muleta se defendió con la cara arriba y cabeceó de forma constante, puede que la falta de fuerza condicionará. Aun así, envestida muy brusca e informal. La clave del éxito estuvo en el temple, muy pocas veces le tocó la muleta, ningún enganchón, sin molestar al toro, todo surgió a medida que le iba suministrando la dosis necesaria para conseguir tandas de mucho mérito. Ponce volvió a dejar claro su condición de Maestro. Estocada entera, algo desprendida y varios golpes de descabello no fueron inconvenientes para que el público pidiera con fuerza la concebida oreja.

No fue la tarde de Javier Conde, su primero salió suelto en los primeros compases, se puso, no se sentía a gusto y optó por coger la espada. El sexto fue devuelto al sufrir un golpe contra un burladero y descoordinarse, parecía que se recuperaba, pero el presidente optó por cambiarlo. Al no disponer de mansos, el propio Diego Ventura se encargó de propiciarle un golpe de descabello a pie de plaza, ante la negativa a entrar por su propio pie.

El sexto bis tuvo la suerte de mecerse sobre el capote de Conde, personal y artista como pocos. Nada mas lejos de la realidad, fue un espejismo, en la muleta no lo vio nada claro y llegó a escuchar los tres avisos. Eso sí, el ramillete de verónicas ahí queda.

Ponce y Ventura dejaron marcado su status, se repartieron un total de cinco orejas que bien pudieron ser más si no llega a ser por el mal uso de los aceros. La noche estuvo amenizada por el cantaor flamenco Francisco Fernández bajo los acordes de una templada guitarra, la disciplina, el toro y el arte se dieron cita en la localidad de Osuna. Viva la tauromaquia.

Ficha del festejo

Plaza de toros de Osuna. Aforo al 50% (2500 localidades). Asistencia, casi lleno (2300 localidades). Toros de Diego Ventura para rejones y Julio de la Puerta para lidia a pie, bien presentados y agradables de cara. Destacó el segundo, especialmente por el pitón izquierdo.

Diego Ventura. Dos orejas y oreja.

Enrique Ponce. Oreja y oreja.

Javier Conde. Silencio y pitos tras tes avisos.

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