Morante, una antología literaria única en el toreo

Curro Pavón

Escuché decir hace algún tiempo a un aficionado que Morante de la Puebla es el único torero hasta el momento del siglo XXI del que posteriormente se hablará en los libros. Me quedé con esa reflexión grabada en la mente y poco a poco, con toda la paciencia del mundo, empecé a buscarle todo el sentido que escondía dentro. Fueron días muy bonitos, de pensamientos en soledad y noches iluminadas de lunas. Bajo mi criterio descubrí que era imposible descifrarla del todo, pero que esas palabras no iban mal encaminadas.

Morante forjó su carrera a base de auténticos esfuerzos y por el difícil camino de la verdad. Nunca engañó a nadie, siempre fue fiel a un único concepto del toreo para ir madurándolo y puliendo a medida que pasaban los años hasta alcanzar la plenitud absoluta y llevarla dos o tres pasos más allá de lo imaginable. Además, lo podemos considerar un verso libre que actuó con cierta libertad e impuso sus determinadas condiciones.

El diestro cigarrero es la última gran figura inspirada en los años XX. Un estudioso filósofo de la vieja escuela clasista ilustrado en la Córdoba y Granada de Lagartijo y Frascuelo, y en la Sevilla de Los Gallos y Belmonte. En su tauromaquia se divisan cuadros bañados en sepia e imágenes en blanco y negro. Lírica y poesía se funden a un mismo compás con geniales golpes de inspiración para buscar los orígenes del arte de Cúchares.

Volver por los fueros del pasado para interpretar el presente y darle a la fiesta algo viejo con templados aromas, esa es su principal aportación en su lenta y pausada retirada. En definitiva, ahondar en los libros y beber de las fuentes de selectos toreros hasta crear una especie de conjuro que va camino de desembocar en una tauromaquia única y personal como en su día fueron las de Pepe Hillo, Montes o Paquiro. Una cita con la historia donde el hombre y el toro quieren dejar escritas páginas gloriosas y de gran calado para ser contadas por pincel de fina pluma. No hablo de biografía, sino de tratado histórico artístico para siempre permanecer en el recuerdo.

Intentar describir a Morante es introducirse en un mundo mágico donde predomina el misticismo, la fragua más pura y la bohemia surgida de la propia naturalidad, que, en sus siempre célebres palabras, es donde nace el verdadero arte. Su evolución se ha producido en forma de retroceso, en una búsqueda constante de peculiares formas para interpretar las diferentes suertes que nacen en el interior de los sentimientos de la persona para después ser trasportadas al torero. De la vida a la plaza, la autenticidad del barroquismo plasmada en el amarillo albero con una tímida y al mismo tiempo, fuerte personalidad.

A los altares de gloria

El 2021 ha sido sin duda el de la consagración como auténtica figura de época. El esplendor del arte puesto al servicio de los aficionados abriendo el abanico a los diferentes encastes. Los grandes esfuerzos a base de la autenticidad del valor, tan silencioso, como callado y sereno. El genio frotando la lámpara y agitando la varita mágica con la que fue tocado para sacar las esencias más puras de lo olvidado. El aroma de Sevilla y Jerez como agua clara y cristalina que nace en los manantiales de La Puebla del Río. La temporada rotunda, colosal, el peso en los hombros. Brotó el toreo en las tardes más bellas, el torero en las de máxima disposición.

¿Por qué?, verdaderamente pienso que nadie puede llegar a explicar el porque con total exactitud. Seguramente todo se empezaría a fraguar en conversaciones interiores en la más absoluta soledad ¿Qué puedo hacer para ayudar a la tauromaquia tras todo ocurrido? ¿Qué haría Gallito?, tengo que volver a recuperar lo perdido, el pueblo, hacer gestas y apostar fuerte como hicieron todos aquellos antecedentes a los que tanto me gusta invocar, se respondería Morante.

Esas palabras se cumplieron al pie de la letra, de la primera a la última con un enorme compromiso. Desde Vistalegre hasta Arenas de San Pedro, 49 tardes sin volver la cara y dando el do de pecho en cada una de ellas. Líder del escalafón, es lo de menos, deja detalles y arrebatos que han traspasado de lo terrenal para llevarnos a la divinidad que solo poseen los verdaderos elegidos. Un ángel de plumas blancas echó a volar allá por el mes de mayo y alzó su vuelo hasta llegar a octubre conquistando todo cuanto salió al paso. Disipadas las pocas dudas que podían quedar y todos completamente convencidos.

Hubo días en los que musitó a las leyendas dormidas y dialogó con la eternidad de lo olvidado. Fueron susurros en formas de verónicas, chicuelinas y lances interminables, muletazos donde se podían leer todas y cada una de las páginas del Cossio. Versos llenos de sentimientos, prosa perfumada, auténtica poesía en movimiento como diría Octavio Paz. Morante fue la tauromaquia en sí mismo…

Al igual que Pablo Picasso pinto su célebre toro, dibujó el toreo en la Malagueta. En Jerez cantó por bulerías a través de sus muñecas, como tantas veces lo hiciera un santo caído del cielo, como tantas veces lo hiciera San Rafael de Paula. Ser personificó en la figura de Manolete para rendirle el mejor de los tributos en el ruedo que un día perdiera su vida y conquistó la tierra de Manzanares con una obra maestra. La ley despacito y a compás se impuso en Salamanca, “hay que verlo, no sé puede explicar lo que pasó ayer”, me decía mi admirado Javier Lorenzo. También en Segovia. En Jaén nos deleitó con un tremendo arrebato y se hizo el silencio en Las Ventas para comprobar que la espera había merecido la pena. A base de exposición y entrega se rindió la capital del toreo.

La Maestranza lloraba

Los poetas se despertaron en Sevilla y la Giralda, al finalizar la feria, en su más intima soledad, desparramó lágrimas profundas como fiel espejo de los tendidos aquel 1 de octubre. Morante de la Puebla marca un antes y un después en la historia para convertirse en mito viviente. No he leído crónica más bonita que la que me dijo con palabras el buen aficionado y mejor amigo, Fernando Atenciano: “Me quedé embelesado y no me pude mover del asiento después de la corrida por el derroche de sentimientos desplegados, pasaba el tiempo y cuando me di cuenta las puertas de la Real Maestranza estaban cerradas, no sé como conseguí salir de la plaza”, eso es el toreo, hacer que la gente se olvide de todo y libere su alma sin importarle nada ni nadie.

Después de esto no me atrevo a opinar porque no lo vi en primera persona y no lo sentí de la manera que me hubiera gustado hacerlo, la pantalla quita verdad y rompe la necesaria intimidad. Solo diré que Morante desgarró corazones, fue el llanto que Federico García Lorca dedicará a Ignacio Sánchez Mejías para terminar de coronarse. Y qué desempolvo lances y galleos desconocidos por muchos, incluido este joven periodista, para hacernos comprobar que para entender sus interpretaciones hay que leer y ahondar en varios siglos anteriores.

Leyenda en el tiempo

José Antonio Morante de la Puebla da el paso que ningún otro se ha atrevido a dar en los últimos 30 años devolviendo a la palabra torero toda su esencia. Decide por cuenta propia volver a lugares como Herrera del Duque y Colmenar Viejo, y a ganaderías como Ana Romero, Castillejo de Huebra o Galache. A Prieto de la Cal le devolvió su esplendor con su apuesta en solitario en El Puerto y Miura en Sevilla, donde al igual que ocurrió con los victorinos salió a relucir la magia que esconde su capote. Pero el detonante de todo lo que hemos podido disfrutar es la ruptura con la casa Matilla tras Vistalegre. La decisión se tomó con vistas a buscar la total independencia e imponer sus propias condiciones sin ningún tipo de influencias.

Este hecho hace posible que Morante se libere por completo y actúe según su propio instinto. A partir de este momento sale a relucir una clásica y muy honda tauromaquia basada en las leyes belmontistas y joselitistas. Nada nuevo, pero todo más profundo, más compacto, más sentido y mejor ilustrado sin perder sus singulares formas. La interiorización en grado mayúsculo para después ilustrar un testamento propio. Cuántas salidas y doblones quedan en la retina, cuántos detalles improvisados surgían en mitad de las faenas, cuantos molinetes de Belmonte y Kikirikíes de Gallito. No solo de estos dos colosos. Según cuentan los libros y viejos maestros del periodismo, las inspiraciones aparecidas en la Real Maestranza en el día de la apoteosis surgieron en Pepe Hillo.

Al margen de todo lo descrito anteriormente, la importancia de Morante en este 2021, que toca a su fin, reside en que deja marcado el camino que debe seguir la tauromaquia en su correspondiente devenir. Su condición de figura se ha engrandecido por lo enormes esfuerzos realizados con toros nada fáciles sin importarle la plaza y el encaste. A todos le ha achacado un conocimiento superlativo a base de pureza y sobre todo, valor, para implementar la lidia requerida en cada caso. Siempre lo intentó y muy pocos no acabaron atendiendo sus exquisitos tratos. Una llamada al escalafón en toda regla como queriendo decir lo siguiente: “nos hemos equivocado, de esta manera es como se levanta aquello que tanto amamos, os invito a seguirme”. Curiosamente ninguno lo hizo y cada tarde del torero sevillano se convirtió en un acontecimiento.

Pasarán 50, 60, 70 años… y se dirá que un torero de la Puebla del Río devolvió en 2021 ese carácter a la fiesta para dejar claro que el toreo ha sido, es y será como es el toreo. Morante camino de tratado histórico.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Redes Sociales