Los días que vienen y van

Curro Pavón

Han sido muchas las mañanas en las que me he mirado al espejo y mi mirada se fundía con la del toro. Han sido muchas las tardes en las que el olor a albero ha perfumado mi habitación y mi cama se convertía en un tendido y las diferentes sillas de alrededor eran mi asiento. Han sido muchas las noches en vela las que he pasado soñando con el toque de un pasodoble y el sonido de un portón. Han sido muchos los momentos en los que he sentido nostalgia y los recuerdos vagaban por mi mente en busca de alivio y consuelo.

Todo esto termina, la temporada se pone en marcha de forma continuada. Me quiero olvidar de la pandemia, de todos los males que nos acechan en la actualidad, de toda esta chusma política, de esa señora ministra que no voy a mentar, sola te has delatado. Banderilleros y picadores habéis demostrado que la unión hace la fuerza, juntos se puede. Las ayudas llegan tarde, muy tarde, pero en principio llegan, esperemos el cumplimiento de la palabra.

Vamos a disfrutar de lo que viene y de lo que nos espera en estos días. El colorido que desprende una tarde de toros, la magia y seriedad de un traje de luces, la belleza de una arrancada, el toro en la plaza y ver a un hombre convertido en héroe enfrentarse a él para crear una obra de arte. Cuanto tiempo sin tener esa sensación.

Osuna, Plasencia, Huelva, El Puerto, SanLúcar… Marcan el paso a pesar de todos los condicionantes para reactivar el mundo del toro y despertar el interés del aficionado. Gran labor la de estos empresarios, han tirado del barco, muleta por delante, vamos a arrimarnos de vedad, la tauromaquia lo necesita. Las plazas de segunda y tercera categoría son más plazas que nunca.

Sorprende la inmovilidad en las grandes ferias, sigo sin entender porque Ramón Valencia no ha dado el ciclo de novilladas en la Maestranza, si es por las condiciones maestrantes que lo explique, el silencio no es la mejor respuesta. Un año sin toros en Sevilla es como primavera sin azahar, como parque de María Luisa sin suspiros de enamorados, como torre del Oro sin su río Guadalquivir.

Viajo a Madrid, donde la comunidad autónoma tiene tendida la mano sin ningún tipo de escrúpulos. La vuelta al Batán es como volver al pasado para recuperar raíces y tradiciones pérdidas. Necesitábamos políticos como Ayuso y Almeida, hay que dar toros por correspondencia y por el aficionado. La primera plaza del mundo no se puede quedar en blanco.

Me preocupa Castilla-La Mancha, tierra a la que me siento arraigado. Esos 5.000 abonados de Cuenca, fruto del trabajo bien hecho, forjados con el paso del tiempo a base del esfuerzo, fe y compromiso ejercido por parte del gran equipo que dirige Maximino Pérez tienen que tener su feria, me consta que es difícil, pero por intentarlo que no quede.  La disposición y lucha del empresario es evidente desde el primer momento, siempre activo para sacar su feria adelante.

Me despido hablando de las novilladas, aquí se encuentra la madre del cordero y el que debe ser el punto de inflexión de todos los que amamos el arte de Cúchares. Tomemos conciencia de una vez por todas, si no damos facilidades y no reducimos costes el fin estará más cerca. En esta clase de espectáculos menores es donde se crea y forma el torero, es la base y aprendizaje de todo. Muy pocas por no decir casi ninguna veo con caballos. Sin caballos, Eduardo Ordoñez y Gómez Amador en sus respectivas comunidades autónomas han dado vida y luz a través de Canal Sur y CMM. Arreglemos este gran problema por el bien de la fiesta.

Lo dicho, disfrutemos del toro, de la belleza de una embestida, de una tarde de albero, capotes y muletas.

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