La rotundidad de Álvaro Lorenzo y la faena de Juan Ortega en Linares

Daniel crespo pide paso tras mostrar firmeza y valor ante el lote de menos opciones

Extraordinario natural de Álvaro Lorenzo

Curro Pavón

Torear en Linares siempre es especial para cualquier torero, el recuerdo de Manuel Laureano Rodríguez Sánchez «Manolete» se mantiene vivo por los callejones palpándose en el ruedo. Minuto de silencio que no se guardó en su memoria, al igual que por José Cubero «Yiyo» en el 35 año de su muerte. Sí por las víctimas del coronavirus, posteriormente sonaron los acordes del himno de España. Ay cosas que no pueden quedar en el olvido.

La tarde del toledano Álvaro Lorenzo fue para enmarcar, tanto en el bueno como en el de menos opción rayó a un gran nivel. Nunca me cansaré de alabar el gran temple que sale de sus muñecas. A su primero lo recibió con medio capote toreando de forma extraordinaria con los propios vuelos, muy buenas fueron las verónicas. Con la muleta estuvo cumbre cuajando de principio a fin a un gran ejemplar de Luís Algarra.

Comenzó rodilla en tierra mostrando confianza y mucha disposición para después ejecutar tandas cargadas de limpieza y mucho mando. Especialmente hubo una exquisita por el pitón izquierdo dejando la muleta en la cara y llevando al toro hasta el final. Por la derecha empujó las embestidas acoplándose a la perfección. Todo lo hizo en torero, le supo dar pausa a la faena e imprimirle su propio ritmo. El burel respondió, trasmitió muchísimo y todo lo quiso por abajo, tampoco fue fácil, tuvo la suerte de encontrase delante a un gran torero. Remató por manoletinas sin ayuda. Estocada casi entera, dos orejas. El propio Álvaro Lorenzo fue el encargado de pedir la vuelta al ruedo a su oponente en un bonito gesto con la ganadera. Concedida con merecimiento.

Su segundo no llegó definido a la muleta, había que enseñarle a embestir. Lo entiendo Lorenzo, desde primera hora le abrió los caminos e intentó hacerlo poco a poco sin ningún tipo de prisas. Consiguió buenos pasajes con la diestra, al cambiarse de mano se rajó, protestó y acabó encerrado en tablas. Estocada entera. Oreja a la capacidad y buen hacer del torero. Hay que esperarlo, así lo demostró en la tarde.

Abrió plaza un toro con cuello algo cuesta arriba que respondió en los primeros compases permitiendo a Juan Ortega manejarse con su peculiar gusto. Lo toreó muy bien de capa. Con la muleta fue un animal que protestó por arriba, soltó la cara y se quedó corto, lo probó tímidamente optando por machetearlo y coger la espada. Silencio. Lo obra grande llegaría en el cuarto bis.

Como un carretón embistió el de Parladé, la lentitud y la nobleza fueron las principales virtudes, un toro para soñar el toreo. Así lo hizo el de Triana desde el precioso quite por chicuelinas hasta los ayudados finales por alto. Acarició las embestidas en una labor muy artística llena de pinturería, sabor y mucha elegancia. Cuando las muñecas y el acompañamiento del cuerpo salen a relucir todo adquiere un punto especial. Daba igual el pitón, pero por la izquierda cuajó muletazos de cante muy grande, se sintió muchísimo llenando el alma de propio y extraños. Todo fue muy acompasado, quedó claro que lo clásico nunca pasa de moda. Media en buen sitio, descabello y dos orejas. Muy buen toro. Sevilla tiene en estos momentos a tres toreros jóvenes para confeccionar un gran cartel, Juan Ortega, Pablo Aguado y el ecijano Ángel Jiménez, ahí se lo dejo a Ramón Valencia.

Una auténtica alegría se llevó la afición con Daniel Crespo, un torero distinto que demostró arrojo y muchísima disposición. Bienvenido sea. El que hizo tercero era un toro visco del derecho que planteo muchísimas dificultades. Suelto, con la cara arriba, pendiente de todo… Se pasó un mal trago en banderillas. A base de técnica consiguió sacar agua de un pozo sin nada, estuvo muy firme, queriendo con gran valor, había que estar delante y tragarle muchísimo. Así lo hizo el de El Puerto de Santa María para robar algún que otro muletazo de muchísimo mérito ante un animal que no regaló nada. Falló la espada. Inmejorable carta de presentación.

Se pudo ver su personal concepto en el que cerró plaza, un toreo vertical y erguido de los que se ven pocos a día de hoy. Nadie daba un duro por el toro, pero Crespo nunca le perdió la fe a sabiendas de que había que puntuar. En la muleta se vio otro burel debido a las manos del torero, en los primeros compases estuvo muy parado y mirón. Lo ayudó muchísimo en los inicios, con el objetivo de intentar alargar la embestida. Después le puso la muleta adelante y tiró de él logrando formar faena. Aguantó parones, miradas, no se descompuso en ningún momento. Labor muy seria con pasajes de gran calado. Media en buen sitio. Oreja. No se puede pedir más a un torero que lleva toreada 4 corridas.

Ficha del Festejo

Plaza de toros de Linares (Jaén). Aforo de 2.119 localidades respetando el metro y medio de distancia establecido por la Junta de Andalucía. Toros de Luis Algarra (1º, 2º y 3º), Parladé (4º bis y 5º) y Juan Pedro Domecq (6º). Destacaron el muy buen segundo de vuelta al ruedo concebida y el extraordinario cuarto bis. Con teclas el quinto. Nada fácil sexto. Con peligro primero y tercero.

Juan Ortega. Silencio y dos orejas.

Álvaro Lorenzo. Dos orejas y oreja.

Daniel Crespo. Palmas y oreja.

Se desmonteraron en banderillas los subalternos Andrés Revueltas y José Ángel Muñoz tras parear al cuarto y Rafael González y Alberto Zayas en el quinto.

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