El coronavirus y Cataluña, la doble crisis de la tauromaquia

Curro Pavón

Son tiempos para reflexionar, en los que pasamos horas y horas con nosotros mismos en íntima soledad. Cosa que se había perdido en estos tiempos actuales que me han tocado vivir. Un folio y un bolígrafo se convierten en principales compañeros durante el confinamiento. No hay nada como pararse a pensar, analizar y dar rienda suelta a la mente para desarrollar tu propio sentido. En definitiva, a través de la escritura, soñar como todo torero sueña en las plazas importantes.

Me preocupa muchísimo el devenir de la tauromaquia, todo está en el aire, a la espera de una resolución cultural que posiblemente tardará en llegar. No nos olvidemos nunca de que somos cultura. Los primeros datos significativos de los que tenemos muestras resultan devastadores. Se van a perder alrededor de 100 millones de euros en un sector que no atraviesa el mejor de sus momentos. Tiempos pasados siempre fueron mejores.

Gran contratiempo llegado en una especie de pequeño auge que nos hacía ver la luz al final del túnel. Pues la verdad, cada vez se veía a más gente joven poblar los tendidos y las primeras ferias de la temporada, Valdemorillo, Illescas y Olivenza, fueron todo un éxito. Todo apuntaba a un gran año, hasta el actual gobierno, quien lo iba a decir, por vía del ministro de cultura Juan Manuel Rodríguez Uribes daba esperanzas.

Los carteles de Valencia y Sevilla con sus respectivas polémicas tan tradicionales en el mundo del toro “que si no esta fulano o mengano” “que si esta ganadería o aquella” salían a la calle. Dos buenos seriales acorde con lo que demandan sus aficionados, mientras tanto se producción los primeros movimientos en la feria de San Isidro. Se antojaba un muy buen inicio de temporada.

De repente llegó esta pandemia paralizándolo todo, inmovilizando la economía de nuestro querido país, ósea todo. Cuando la economía no sigue su debida circulación por muy bajo ritmo que lleve nada circula. Hablamos de crisis nacional, pero por la parte que me ocupa, el sector taurino se va a encontrar muy debilitado. No contamos que el respaldo social de años atrás y no nos engañemos, no es un bien de primera necesidad para parte de los asistentes a una corrida de toros. Se van a perder entradas, solo el aficionado acude a la plaza en primer lugar para saciar su sed y dejarse llevar por un espectáculo que le conmueve en un alto grado de emoción difícil de explicar.

Reflexionando llego a la conclusión de que se avecina un momento en el que políticos, empresarios, ganaderos, profesionales y aficionados debemos estar más unidos que nunca para afrontar esta situación de la mejor manera posible. Todos debemos colaborar, nadie ni nada ha podido con nosotros, ni Reyes, ni Papas… El coronavirus no es más que una fuerte cornada de la que nos vamos a recuperar para volver con más fuerza que nunca.

Hablando de crisis, no me puedo olvidar de Cataluña. Corría el 28 de Julio del año 2010 cuando se producía un atentado contra la libertad de expresión y el derecho a decidir de todo un pueblo. Un auténtico atentado contra la Constitución española, un acto inconstitucional que pasado el tiempo se convertiría en el germen de todo este inútil movimiento independentista que vivimos a día de hoy. El parlamento catalán prohibía la celebración de espectáculos taurinos.

Aquella trágica mañana, todos estos políticos de turnos a través de su ignorancia, desconocimiento, indisciplina y falta de cultura tumbaban por medio de la mediocridad siglos y siglos de tauromaquia mediante una consulta votada en el Parlament que salió adelante por un total de 13 votos. Quiero recordar que la no votación en boque del PSOE hizo posible esta humillante traición al mundo taurómaco.

Dijo Pasqual Maragall “quien niegue de la tradición taurina de Cataluña desconoce su historia”, sin ir más lejos Barcelona llegó a tener tres plazas de toros en correcta circulación con la precisión de los más codiciados relojes suizos. La Barceloneta, Las Arenas y La Monumental. Muchos todavía no se han enterado de que aquella comunidad autónoma por la que tanto luchan y a la que tanto quieren fue capital del toreo durante muchísimos años. Incultos, pobres, ignorantes, anti sistemas…

Conseguisteis vuestro objetivo, eso sí, por medio de la ilegalidad, como lo hacéis todos. Porque no tenéis otros medios, ni tan siquiera contáis con vuestro propio respaldo, tenéis sometido al pueblo catalán a una dictadura con todas las letras, en la que vas con o contra el gobierno, o vas conmigo o lo vas a pasar muy mal ¿Qué es esto si no es una dictadura? Explíquenlo.   

Lo resumía de forma formidable Vicente Zabala de la Serna “de todo lo acontecido la auténtica verdad era reflejada en las lágrimas del torero Serafín Marín”. Las lágrimas de una lucha incansable, las lágrimas por defender lo que nos corresponde, las lágrimas de toda la tauromaquia. Disfrutar del momento, mientras podáis, todo cauce vuelve a su río, la historia esta escrita, levanto mi pluma para decir que no muero sin ver toros en Cataluña. Luchemos por nuestras libertades.  

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