30 de septiembre de 1915

Francisco Pavón

Sevilla, tierra donde los sueños se cumplen, sus calles llenas de callejones empedrados invitan a perderse para después encontrarse y aparecer no sabes dónde. La magia sale por si sola, el arte se presenta sin buscarlo, gracia, salero y donaire en cada rincón escondido, verso convertido en poesía. Como te pintó Murillo, como te escribía Gustavo Adolfo Bécquer… Tan diferente al resto siempre mantuvo idiosincrasia especial.

En el toreo no iba a ser menos, suena distinto, entrar en la Real Maestranza de Caballería es como sumergirse en épocas pasadas para rememorar tiempos de antaño. Plaza partícipe de la etapa más esplendorosa de la tauromaquia, aquí Joselito y Belmonte dejaron escritas en su ruedo páginas para el recuerdo. Juan, siempre la llevo a gala, José la compartió con la Monumental, ella fue testigo directo de una rivalidad amigable transcendental para el futuro de la fiesta. Sevilla, Maestranza y plaza de Cuba fueron fundamentales, esta última como centro de debate y tertulia.

Viajo al pasado para recordar una fecha emblemática, la ciudad de la Giralda, tan tradicional y clasista como ninguna ponía fin a una de sus normas sagradas. El coso del Baratillo presenció a través de un preciso giro de muñeca, incumpliendo lo acordado, algo que pasaría a la historia, nunca un simple pañuelo blanco dio tanto que hablar.

Nos situamos en el año 15 del pasado siglo XX, los dos colosos que marcaron la Edad de Oro de la tauromaquia comenzaban a emparejarse en los diferentes cárteles debido al reclamo de los aficionados, los querían ver juntos a toda costa, el pueblo hablaba contando con la correspondencia de los principales empresarios, Salgueiro, Echeverría etc 

Resulta bien recordar que en 1915 el hijo menor de la seña Gabriela arrasó de principio a fin en una espectacular temporada, pero el pasmo de Triana golpeo muy fuerte en la feria de Abril realizando una de sus mejores faenas a un toro de Miura. Quedaba San Miguel y en San Miguel…

Los días previos estuvieron marcados por la reunión mantenida entre el alcalde accidental, Fernando González Ibarra, varios concejales, el Conde de Gomara en representación de la Maestranza, el notario José María del Rey y los toreros Emilio Bombita y Parra para poner sobre la mesa tres asuntos importantes. La inclusión del sobrero, antes llamado toro de reserva, en el encajonamiento de la lidia habitual, la suspensión del espectáculo por muerte y la no concepción de orejas. Todas estas propuestas fueron aceptadas por mayoría entrando en reglamento.

Gallito ya había conseguido cortar trofeos, un total de ocho orejas llevaba solo en Madrid, lo que antes era impensable comenzaba a convertirse en realidad. El monumento situado a las orillas del Guadalquivir quería mantener su status por encima de todo, no quería abandonar su esencia, de ahí el motivo del encuentro con las más altas autoridades.

Septiembre era para Sevilla primavera entrado el invierno, una auténtica fiesta comparable con el primer ciclo taurino del año. San Miguel tuvo en muchas ocasiones más prestigio que Abril, así lo demuestran los hechos. Ese año congregó en las dos primeras citas a Rafael “El Gallo”, Juan Belmonte y José Gómez Ortega “Joselito el Gallo”. Debido al escaso trapío de los toros de Murube, el respetable abarrotó la plaza al día siguiente con total enfado, ánimo que se disolvió cuando apareció el primer Miura. Esta tarde el más chico de los Gallos ya dio una auténtica lección de dominio absoluto ante un difícil toro de nombre “Galleguito” provocando el alboroto del público, era preludio de la que iba a suceder escasas horas después.

El diestro de Gelves se encerraba en solitario con seis del Conde de Santa Coloma, estaba en el momento de hacerlo, pleno de facultades y con la ambición necesaria para realizar este tipo de apuestas. Con total solvencia despachó a los cuatro primeros, lo grande llegaría en el quinto al desarrollar una faena antológica rematada con un perfecto volapié. Gallito enloqueció Sevilla y viceversa, llegados a este punto nadie se puedo contener, Antonio Filpo Rojas enseñaba desde su palco el primer pañuelo blanco de la historia del coso maestrante rompiendo lo acordado.

Todo sucedía tal día como hoy ciento cinco años atrás, 30 de septiembre de 1915…

* Todos los datos pertenecientes a la feria de San Miguel los podemos encontrar en la reedición de la gran obra del escritor Paco Aguado titulada “Joselito El Gallo Rey de los toreros”

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